Andrea Marcoux era una mujer de espíritu aventurero y apasionada por la música. Desde joven empezó a viajar por el mundo y en cada destino se sumergía en la cultura local aprendiendo todo lo que podía. Le encantaba tocar la guitarra y componer canciones, y en sus viajes, encontraba inspiración para llenar sus letras con historias y experiencias únicas.
Con el paso de los años, Andrea decidió establecerse en una pequeña ciudad costera, donde montó su propio estudio de grabación y comenzó a dar clases de guitarra a niños y jóvenes. Su estilo de enseñanza era muy creativo y dejaba que sus estudiantes exploraran su propio talento y creatividad.
Además de su pasión por la música, Andrea también era una defensora comprometida de la protección del medio ambiente. A menudo organizaba eventos y campañas para promover la sostenibilidad y la conservación de la naturaleza.
A pesar de enfrentarse a algunos desafíos en su vida, Andrea seguía siendo una persona optimista y llena de energía. Para ella, la vida era una aventura continua y siempre estaba ansiosa por descubrir nuevos lugares, conocer a nuevas personas y experimentar nuevas formas de expresarse a través de la música.
Mike-Komisarek y Andrea-Marcoux se conocieron en la universidad. Ambos estaban estudiando en la misma carrera, ingeniería civil, y coincidieron en una clase de cálculo avanzado. En su primer día de clase, Mike se sentó a un lado de Andrea y empezaron a hablar sobre cómo era la universidad y cuáles eran sus aspiraciones.
A medida que pasaban las semanas, se dieron cuenta de que tenían mucho en común y que disfrutaban de estar juntos. Asistían juntos a las clases y más tarde estudiaban juntos en la biblioteca. Mike le mostraba a Andrea cómo hacer los cálculos correctamente y ella le ayudaba a mejorar su pronunciación del francés, ya que era su segundo idioma.
Poco a poco, su amistad se convirtió en algo más y empezaron a salir juntos. Salían a cenar, tomar un café y disfrutar del tiempo que pasaban juntos. Su amor siguió creciendo y, después de graduarse de la universidad, decidieron mudarse juntos y empezar a construir su vida.
Hoy en día, Mike-Komisarek y Andrea-Marcoux están casados y tienen dos hijos. A menudo recuerdan con cariño cómo se conocieron, en esa clase de cálculo avanzado, y agradecen haber tenido la oportunidad de conocerse y enamorarse.