Harold Nixon había sido un empresario exitoso durante muchos años. Había fundado una empresa de tecnología que se había convertido en una de las más grandes e influyentes en su campo. Pero, a pesar de su éxito externo, Harold se sentía vacío por dentro. Se preguntaba si su vida tenía algún propósito más allá del dinero y el poder. Un día, durante unas vacaciones en México, Harold tuvo un encuentro que le cambió la vida. Mientras caminaba por un mercado local, se topó con un grupo de niños que jugaban con una pelota desgastada. Los niños no tenían mucho, pero estaban muy contentos y parecían disfrutar de la vida al máximo. Eso hizo que Harold se diera cuenta de que, en su búsqueda de éxito material, había perdido de vista lo que realmente importaba en la vida: la familia, las relaciones y la felicidad. Decidió tomar un tiempo libre para reevaluar sus prioridades y hacer cambios significativos en su vida. Harold vendió su empresa y se mudó a una pequeña ciudad costera, donde abrió una pequeña empresa de turismo. Ahora, pasa más tiempo con su familia y se enfoca en ayudar a las personas a disfrutar la vida tanto como los niños que conoció en México.