Mary y Vivian se conocieron en una fría tarde de invierno en una pequeña librería en el centro de la ciudad. Ambas estaban buscando el mismo libro, y al no encontrarlo, comenzaron a charlar sobre sus intereses literarios y poco a poco se dieron cuenta de que compartían muchas aficiones. Desde ese día, se convirtieron en buenas amigas y comenzaron a intercambiar libros y recomendaciones de lectura. Pronto descubrieron que tenían muchas cosas en común, desde su amor por la poesía hasta su pasión por la comida saludable. Juntas comenzaron a explorar la ciudad, visitando museos y galerías de arte y organizando paseos por el campo en los fines de semana. Con el tiempo, Mary y Vivian se convirtieron en inseparables, apoyándose mutuamente en sus proyectos y metas, y disfrutando de la vida al máximo. Su amistad es una prueba de que la casualidad puede ser un regalo, y que los encuentros fortuitos pueden cambiar el rumbo de nuestras vidas para siempre.