La relación entre Greta Garbo y Olga de Rothschild fue una amistad estrecha y duradera que se extendió por más de 50 años. Todo comenzó en 1959, cuando Garbo conoció a Olga de Rothschild en Paris. La millonaria francesa, quien era una gran mecenas de las artes y la filantropía, quedó impresionada por la belleza y el carisma de Garbo, y pronto se convirtieron en amigas cercanas. A partir de entonces, Garbo visitó con frecuencia a su amiga en su mansión parisina, donde disfrutaban de largas conversaciones y compartían su amor por los libros y el arte. De hecho, Olga de Rothschild fue una gran influencia en el gusto estético de Garbo y su pasión por las antigüedades. La amistad entre estas dos mujeres no solo se limitó al ámbito personal, sino que colaboraron en diversos proyectos culturales y de caridad. En una ocasión, Olga de Rothschild ayudó a Garbo a organizar una exposición de arte de pintores suecos en París, y juntas apoyaron a diversas organizaciones benéficas en Europa y Estados Unidos. A pesar de que la amistad entre ellas nunca fue confirmada como algo más que una relación platónica, se ha especulado que pudieron haber tenido una relación romántica o incluso una relación sexual. Sin embargo, esto sigue siendo un tema de debate entre los estudiosos de la vida y la carrera de Garbo. Lo que sí está claro es que la relación entre Greta Garbo y Olga de Rothschild fue una de las amistades más significativas de la vida de Garbo, y una que impactó profundamente su vida y su legado cultural.