Roberto Parli había pasado gran parte de su vida en busca de su verdadera pasión. Tras graduarse en la universidad, consiguió un trabajo en una empresa de contabilidad, pero pronto descubrió que eso no era lo que realmente le apasionaba. Dejó el trabajo y, después de varios años de viajar por el mundo, encontró su pasión en la fotografía.
Roberto decidió dedicar su vida a la fotografía y comenzó a trabajar como fotógrafo independiente. Sus fotografías tenían un estilo propio, que combinaba la sutileza con la crudeza de las escenas urbanas. Pronto se hizo un nombre en el medio gracias a sus exposiciones en todas partes del mundo.
Su trabajo lo llevó a viajar por toda América Latina, Europa y Asia. A pesar de la dificultad que suponía vivir alejado de sus amigos y familiares, Roberto estaba siempre agradecido por la oportunidad de conocer nuevas culturas y de dar rienda suelta a su creatividad.
Hoy en día, Roberto vive en México, donde trabaja en su próxima exposición y en el retrato de la gente común de la ciudad. Sus fotografías de la vida diaria de la gente común resaltan el verdadero espíritu humano, la diversidad cultural y el amor a la vida.
Adriana y Roberto se conocieron en una sesión de fotos en un estudio de televisión. Adriana estaba modelando para una campaña publicitaria y Roberto era el fotógrafo encargado de capturar las mejores imágenes. Desde el primer momento, hubo una chispa entre ellos, pero se mantuvieron profesionales durante la sesión.
Después del trabajo, Roberto decidió invitar a Adriana a tomar un café en el bar de la esquina. Durante la charla, descubrieron que tenían muchas cosas en común, compartían el amor por la música y la naturaleza. No era una noche calurosa, pero Adriana sentía un calor humano que emanaba de Roberto.
En lugar de terminar la noche allí, Roberto se arriesgó y le preguntó si quería caminar por la ciudad juntos. Adriana aceptó y así comenzaron una caminata que les llevó a conocer algunos lugares interesantes de la ciudad.
La conexión entre ellos era indudable, parecía como si se conocieran desde hace mucho tiempo. Al final de la noche, Roberto le preguntó si podía llamarla para tener una segunda cita. Adriana sonrió y le dio su número, sabía que quería saber más de él. Desde entonces, están juntos, felices y enamorados.